Hay cosas que no pesan mucho en la balanza de los hechos transcurridos a través de la vida. La periferia de la memoria los diluye en esa niebla impenetrable del olvido, los hace imágenes escurridizas las cuales nos cuesta retener.
Muchas veces somos victimas del desgano del deber y de los quehaceres cotidianos, la realidad es un aguijón que nos penetra el alma y nos hace actuar en forma mecánica, lo cual nos proporciona desgano y desaliento.
Vivimos en función de cifras, cantidades, eficacias y números que nos quitan el ensueño y la belleza de la vida.
Quiero dejar de ser victima de este reprimido frenesí; el cual me aplasta y me contrae el corazón y me estruja el alma.
La belleza de la vida esta en el amor, en la liberación de energías; son esos minúsculos éxtasis los que forman parte de las pequeñas felicidades que de tarde en tarde disfrutamos.
Bienvenidos a mi mundo...

