Esa mujer tal vez tiene que haber heredado de su madre esa melancolía extenuante, a veces se quedaba mirando fijamente hacia el infinito, como si hubiera perdido algo trascendente en algún lugar inexistente y lejano. Yo la miraba con curiosidad y extrañeza en un principio; pensaba ¿Cómo es posible que alguien se distraiga tanto?...Luego conversábamos y yo le reprochaba su actitud con largos y tediosos sermones, como los de la cuaresma. Era mi modo de exorcizar los indeseables y desastrosos sentimientos llamados celos; sin duda perversos y destructivos a carta cabal.
Al principio hablábamos del futuro, las cosas que haríamos adentrados en la vejez, teníamos planes que me imaginaba casi concretos y reales…Aun tengo en mi imaginación la casa cerca de una playa donde viviríamos felices, después nuestra cabaña en las montañas y así se sucedían sueños y quimeras que sin duda hacen el tiempo hermoso…Los sueños son hermosos…La vida sin sueños pienso que es solo media vida.
Hipnotizada por el dolor, esos dolores intensos del alma, sin nombre ni destino se volvió extraña en las despedidas, ausente en los ratos felices, ¿quizás haberlo perdido fue una pena tan larga como el insomnio para ella?... Quizás…Nunca me lo dijo…Y cuando le pregunte me esquivo la mirada y cambio la conversación...
Bienvenidos a mi mundo...

